El análisis del ciclo de vida —ACV o Life Cycle Assessment — (LCA — en inglés)— es actualmente una de las herramientas de apoyo a la toma de decisiones medioambientales más sólidas de las que disponen las empresas.
Tanto si desea reorientar su estrategia interna como innovar mediante el ecodiseño o poner en valor sus productos, el ACV ofrece una visión completa y cuantificada de su impacto, desde el diseño hasta el final de la vida útil.
¿Para qué sirve un ACV?
El ACV permite elaborar un balance multicriterio y multietapa de un producto o servicio y evaluar distintas alternativas con respecto a una solución de referencia. En la práctica, ayuda a responder a preguntas estratégicas como:
- ¿Cuál es el impacto medioambiental real de mi producto durante todo su ciclo de vida? ?
- ¿Qué alternativa —material, proveedor o proceso— presenta un mejor desempeño medioambiental? ?
El ACV analiza sistemáticamente varias categorías de impacto —entre 3 y 16, según la metodología elegida—, entre ellas las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), el consumo de agua, la acidificación o la eutrofización.
La metodología de referencia a escala europea, la Huella Ambiental de Producto (PEF), exige medir 16 categorías de impacto.
Huella de carbono y ACV: ¿en qué se diferencian?
La huella de carbono se confunde a menudo con el ACV, aunque ambos enfoques no abarcan el mismo ámbito.
La huella de carbono se centra exclusivamente en cuantificar los gases de efecto invernadero (GEI) emitidos en todas las etapas de la vida del producto, incluido el suministro de materias primas por parte de los proveedores.
El ACV va más allá : integra múltiples categorías de impacto y ofrece una visión medioambiental mucho más completa. Ambas herramientas son complementarias, pero es el ACV el que permite adoptar decisiones de ecodiseño bien fundamentadas.
Realización de un ACV
La base de datos desempeña un papel esencial en un ACV, ya que aporta valores de referencia para todas las etapas que la empresa no controla directamente (extracción de materias primas, transporte, energía, etc.).
Entre las bases más utilizadas se encuentran la Base Empreinte de la ADEME —resultado de la fusión de Base Carbone® y Base Impact®—, Ecoinvent y Agribalyse para el sector agroalimentario.
Estas bases suelen estar integradas en herramientas de ACV como ASKOR.
Etapa 1: definir los objetivos y el alcance del estudio
Antes de realizar cualquier cálculo, la empresa debe aclarar por qué lleva a cabo el ACV: para responder a una obligación normativa, preparar una estrategia de ecodiseño, comparar dos alternativas de producto, comunicar resultados al exterior, etc. Esta decisión debe validarse a nivel directivo, ya que moviliza recursos importantes.
El alcance del estudio se deriva directamente de estos objetivos. Define qué etapas del ciclo de vida se incluyen —extracción, producción, transporte, uso y fin de vida—, el ámbito geográfico y los flujos que deben considerarse.
En esta fase también debe definirse launidad funcional, es decir, la función principal que presta el producto analizado. Normalmente se formula como verbo + objeto + complemento de tiempo o lugar. Por ejemplo: «Proporcionar la dosis diaria de proteínas a una persona deportista mediante un producto listo para consumir» o «Permitir una postura sentada de trabajo diaria frente a un ordenador durante diez años». Esta unidad sirve de base para todas las comparaciones.
Etapa 2: elegir el producto de referencia
El producto de referencia —o sistema de referencia— es el punto de partida de todo el análisis. Se trata del producto actualmente incluido en la cartera que sirve de patrón para evaluar futuras innovaciones y las alternativas propuestas por los proveedores.
Esta elección estratégica condiciona la pertinencia del ACV durante los próximos años : debe ser representativo de la actividad principal de la empresa y suficientemente estable para constituir una base de comparación duradera.
Etapa 3: inventario del ciclo de vida
El inventario del ciclo de vida es la fase en la que se cartografían exhaustivamente todos los flujos de entrada y salida del sistema estudiado : materias primas, energía consumida, agua utilizada, residuos generados y emisiones al aire y al agua.…
Esta etapa exige una estrecha colaboración entre los equipos internos —compras, producción y logística— y la persona consultora o analista responsable del estudio.
A continuación se muestra el ejemplo de una bicicleta eléctrica:
Etapa 4: recopilación de datos
La calidad de los datos recopilados determina directamente la fiabilidad de los resultados. Se necesitan dos tipos de datos : datos primarios, procedentes directamente de los procesos de la empresa —facturas, mediciones y fichas técnicas de proveedores—, y datos secundarios, procedentes de bases de datos de referencia para las fases anteriores o posteriores que la empresa no controla.
Los programas de ACV utilizan unidades normalizadas —kg CO₂ para los GEI, gramos para los materiales y litros para el agua— para que estos datos sean comparables.
Etapa 5: evaluación de impactos
Los datos recopilados se incorporan a un programa de ACV que calcula los impactos de cada categoría seleccionada —GEI, agua, suelo, etc.—. Esta fase la realiza la persona consultora o analista, que combina los datos primarios de la empresa con las bases de datos. El resultado es un cuadro de mando cuantificado por categoría y por etapa del ciclo de vida.
Etapa 6: interpretación de los resultados
Esta fase permite aprovechar los resultados. La persona consultora presenta cuadros de mando para uso interno que ayudan a la empresa a responder a preguntas concretas:
- ¿Qué solución debe elegirse entre el producto A y el producto B?
- ¿Qué proyecto de I+D debe priorizarse para reducir el impacto del producto?
- ¿En qué medida influye el país de aprovisionamiento en el balance total?
- ¿Qué impacto tiene el tipo de energía utilizado en la producción?
Cuando se han estudiado varios escenarios, el ACV pasa a ser comparativo: permite evaluar y cuantificar simultáneamente las alternativas con arreglo a varios criterios. Si en esta fase aparecen nuevas opciones, puede ser necesario volver a la etapa 1 para adaptar el alcance inicial, lo que refleja el carácter iterativo del proceso.
Elegir el nivel de ACV adecuado
No todos los ACV presentan el mismo nivel de complejidad, coste y utilidad. Se distinguen tres niveles, que deben elegirse en función de los objetivos y de la complejidad de la actividad:
El nivel adecuado depende directamente de sus objetivos. Si solo desea gestionar mejor el impacto de forma interna, basta con un ACV elaborado por especialistas sin revisión crítica. En cambio, si pretende comunicar los resultados externamente —información medioambiental, comunicación B2B o dirigida al público general—, será indispensable una revisión crítica por un tercero independiente para garantizar la credibilidad y conformidad del estudio.
En términos de recursos, un ACV sin revisión crítica suele requerir entre cuatro y seis meses de trabajo, alrededor de diez jornadas laborables por parte de la persona consultora y otras tantas por parte de la empresa, con un presupuesto a partir de 5.000 €.
Este presupuesto puede aumentar en función de la complejidad del producto, el número de plantas implicadas y la diversidad de las redes de distribución. Para las empresas que sitúan el desempeño medioambiental en el centro de su estrategia, puede resultar pertinente incorporar internamente una persona dedicada y un programa de ACV.
No obstante, realizar un ACV requiere preparación. Definir el alcance adecuado, elegir las bases de datos adaptadas al sector e interpretar los resultados son etapas que exigen conocimientos metodológicos sólidos y un conocimiento profundo de los retos específicos de cada industria.
RecycleMe acompaña a los equipos de packaging, I+D e innovación en la realización de ACV a medida: desde la definición del estudio hasta la entrega de un informe utilizable para sus decisiones estratégicas. Tanto si se trata de su primer ACV como si desea perfeccionar un proceso ya iniciado, nuestras especialistas pueden ayudarle.